Les invito
a recorrer un camino donde el tiempo parece detenerse. En un presente dominado
por la inmediatez digital y la generación invisible de la inteligencia
artificial, esta muestra nos devuelve a la raíz: el proceso, la mano y la
materia.
A dos
siglos del nacimiento de la fotografía, esta exposición rinde homenaje a la cianotipia,
pero lo hace desafiando su propia naturaleza. Aunque el icónico Azul de
Prusia late en el origen de estas obras, aquí el espectador se verá
envuelto en una atmósfera distinta: tonos sepia, tierras profundas y negros
rotundos que evocan la sobriedad y el misterio del siglo XIX.
Cada
pieza expuesta es el resultado de un ciclo completo de creación absoluta. No es
solo una imagen; es un objeto nacido de la voluntad del autor, quien ha
intervenido en cada etapa del camino:
La
mirada: Capturas de paisajes naturales, rincones urbanos y detalles
arquitectónicos.
La
técnica: Desde la toma, el revelado digital hasta la delicada
sensibilización química del papel.
El
marco: Construido artesanalmente para proteger y dar contexto a la obra.
Esta
colección es una pausa necesaria. Es una invitación a observar el detalle de
una cornisa, la calma de un camino o la geometría de una calle, sabiendo que
detrás de cada sombra hay oficio, química y alma.
Frente
a la imagen que desaparece con un click, reivindicar la imagen que
permanece, la que se mancha las manos y la que respeta el legado de los
pioneros.
Regreso
al Palacio de los Verdugo para presentar una nueva parada que, en cierta
medida, cierra un ciclo expositivo: un camino que comenzó con el dibujo,
continuó con la escultura y que hoy tiene a la fotografía como protagonista.
Hace
exactamente un año, en este mismo espacio, mi propuesta invitaba a caminar
entre trazos de lápiz por paisajes naturales de diversas estaciones. Meses
después, a pocas calles de aquí, propuse al espectador sumergirse en el entorno
urbano a través de la escultura. Ahora, las fotografías que ocupan estas
paredes unifican y entrelazan ambas experiencias.
De
los paseos, los viajes, las huidas o los trayectos cotidianos surgen instantes
—aquellos «momentos decisivos» de Cartier-Bresson— que capturan nuestra mirada
y quedan latentes, a la espera de ser revelados.
Coincidiendo
con el bicentenario de la primera fotografía permanente de Niépce, esta
disciplina ha vivido una metamorfosis radical. Tras un primer siglo de
experimentación técnica fundamental, la evolución no ha dejado de acelerarse.
Sin embargo, aunque la tecnología actual facilita el proceso, este proyecto
vuelve la vista hacia los orígenes, rescatando procedimientos históricos como
la cianotipia, creada por Sir John Herschel en 1842 y popularizada por Anna Atkins,
considerada la primera fotógrafa de la historia.
Esta
muestra bebe de dos fuentes: el espíritu de las Misiones Heliográficas del
siglo XIX, que entendía la imagen como un archivo imprescindible de la memoria,
y el Pictorialismo, que la reivindicó como arte elevado a través de la
intervención manual, los virados y las texturas. Aquí confluyen ambos mundos:
el rigor del documento y la atmósfera lírica del autor.
El
proceso técnico hibrida tiempos y herramientas: las imágenes, capturadas con
cámaras analógicas y digitales, han sido procesadas digitalmente para obtener
el negativo con el que se realiza el positivado artesanal en cianotipia. Como
cierre y ventana al futuro, la exposición se completa con una obra generada
mediante inteligencia artificial.
Desde
hace tiempo vengo observando de camino al trabajo, en viajes por carretera y en
paseos por las calles de mi ciudad, un detalle del que desconozco si al común
de los mortales les ha pasado desapercibido o, por el contrario, también han
sido testigos del mismo.
Todos
estamos de acuerdo en que las normas de circulación están hechas para ser
respetadas y es precisamente ese respeto el que hace que la siniestralidad sea
cada vez menor.
Curioso,
o por lo menos paradójico, me resulta ese detalle que tengo presente a menudo
en mi cabeza, pues un vehículo destinado a la ayuda de los conductores (por lo
general vinculado a un seguro) es el protagonista de esta carta.
Me
llama poderosamente la atención la forma de muchas grúas y su plataforma
destinada a recoger medios de transporte averiados. Un diseño que en su parte
trasera termina en una cuña para que sea más accesible la subida del vehículo
en cuestión.
A
veces, incluso el mejor diseñador o el ingeniero más sobresaliente se pueden
equivocar, como yo mismo en numerosas ocasiones, pero como dice el dicho,
“rectificar es de sabios”.
Ver ese
saliente en la grúa cuando esta, está aparcada, produce respeto, pero tenerlo
cerca cuando te la encuentras en carretera da pánico. Tan solo hemos de
imaginar un “volantazo” con tráfico denso y tener a la altura de la nariz o el
cuello esa cuña. Desconozco cuantos accidentes o muertes habrán provocado este
tipo de grúas (he de decir que no son todas), quizás ninguno, pero esto no
significa que sea un riesgo extremo. Si yo voy con mi coche y sobresale de mi
maletero algún objeto, probablemente me multen por poner en riesgo a otros
conductores…
Me
podrán decir que soy un exagerado, pero si con mi exageración puedo ayudar a
evitar un solo siniestro, estaré tranquilo.
Estimados
responsables de la DGT, tan solo les pido que revisen el diseño de ciertos
vehículos, algo que ha observado un ciudadano cualquiera.
Les
adjunto una fotografía, pues una imagen vale más que 343 palabras.
1º
Fotoescultura nace de la
inquietud por desarrollar nuevos conceptos artísticos en una época en la que
podríamos decir que está prácticamente todo inventado en relación a las artes
plásticas.
2º
Fotoescultura es una nueva forma
de expresión por la cual se aúnan dos campos muy diferentes; la
tridimensionalidad de la escultura y las dos dimensiones de la fotografía.
2º
Fotoescultura se suma a las
numerosas disciplinas artísticas usando recursos de dos de ellas, escultura y
fotografía, materia y luz.
4º
Fotoescultura, si bien surge de
la necesidad de buscar nuevos lenguajes, no entra en conflicto con otras artes,
pues son estas las que le dan su propio origen.
5º
Fotoescultura se define por lo
tanto como: una disciplina artística
basada en métodos escultóricos y fotográficos, cuyo resultado es el de
introducir una obra tridimensional emulsionada con material fotosensible en una
cámara oscura, obteniendo por medios químicos una pátina óptica adherida a la
obra.
Denomino pátina óptica, al resultado recogido por la
escultura; captando el entorno situado frente a la cámara y proyectado a través
del estenopo o lente. La escultura recibe una imagen que tras ser procesada en
el laboratorio, surge de su interior, al estilo de las pátinas naturales,
diferenciándose de otro tipo de pátinas que son aplicadas al material. Se
podría decir que esta pátina óptica es un proceso controlado, pues es el autor
el que decide qué, y en qué momento capta la imagen. Una pátina natural se
puede controlar, pero habitualmente los resultados son aleatorios. Otra forma
de llamar a este concepto, es el de Pátina estenopeica o Efecto Wedgwood.
6º
Fotoescultura en su origen
recurre a la cámara estenopeica, no por ello descartando el uso de lentes en
diseños de nuevas cámaras para su lograr su propósito.
7º
Fotoescultura como concepto y
definición se aleja por completo de otras incursiones artísticas que usan este
término para sus creaciones, valoradas en su justa medida, pero distanciadas en
su más pura concepción.
8º
Fotoescultura acoge cualquier
material susceptible de ser emulsionado.
9º
Fotoescultura subraya la
importancia de los métodos y técnicas fotográficas tradicionales, así como los
actuales, siempre y cuando sea la escultura la que registre la luz a través de
un estenopo o una lente.
10º
Fotoescultura no contempla por
definición el resultado por medio de un negativo o similar en una obra que no
haya sido expuesta dentro de una cámara oscura, aunque admitirá los resultados
fuera de cámara, siempre y cuando la escultura sea emulsionada con material
fotosensible.
11º
Fotoescultura por lo tanto acoge
en su concepto, técnicas como la cianotipia, goma bicromatada, quimigramas…
12º
Fotoescultura en su resultado
admite registros en negativo y positivo. El autor crea la escultura y esta
interpreta la realidad.
13º
Fotoescultura no estima la
posibilidad de pegar fotografías en la superficie de la escultura.
14º
Fotoescultura reivindica la
fotografía como arte mayor puesta al servicio de la escultura y viceversa.
Siempre
he defendido que en fotografía lo más importante es el ojo frente a la cámara, la
retina frente a las lentes, o el cerebro frente a un cuerpo de 5000€, ya que la
educación no se compra, se adquiere con el tiempo.
En
ocasiones una buena imagen no hay que buscarla, simplemente te la encuentras al
realizar una actividad que no tiene nada que ver con el mero hecho fotográfico.
Así, trabajando, y sobre todo teniendo la mente abierta, observas momentos que
merece la pena guardar en el recuerdo.
No es tanto el guardar para buscar una
recompensa económica en una exposición o en una web, lo más importante es ir llenando tu disco
duro (ese que tienes bajo tu cráneo) de
información.
Pretender
hacer la mejor fotografía e intentar competir con otros, que en definitiva
hacen lo mismo que uno, no vale la pena. No se trata de ver “quien la tiene más
grande” o quien muestra más imágenes o se cuelga más medallas, lo esencial es
saber ver.
Una
imagen realizada con un teléfono de gama media, como es esta, es suficiente
para entender lo que expongo.
Por
otro lado, tampoco es primordial llenar la memoria de tu ordenador con
infinidad de fotografías que ya has absorbido, si estás acostumbrado a observar,
no es imprescindible, pues tu cerebro todo lo guarda y selecciona.
Composición,
encuadre, color o concepto, no se aprende de la noche a la mañana, aspecto que
noto por ahí a menudo. Recibir una educación en la que el arte, cine o
fotografía, ha estado muy presente, es un extra para enfrentarse a todo esto. Sumando
el haber trabajado con fotografía analógica, cuando hacer una captura era
realmente costoso.
Al
final, lo esencial no es la fotografía en sí, “que en este caso no va a ningún
lado”. Lo más interesante es encontrar a nuestro alrededor, matices que merece
la pena capturar de una u otra manera.
Si
esto mismo lo aplicáramos a todos los aspectos de nuestra vida cotidiana;
cuando caminas, vas en coche o en el metro o estás de compras en el mercado…
nos enriqueceríamos mucho más, porque lo que estamos haciendo en realidad es
escuchar con los ojos.
Ahora
nos invaden de una forma brutal tomas fotográficas preciosistas, que no
preciosas, con un exceso de revelado digital, con un HDR (alto rango dinámico)
que convierte las fotografías en imágenes irreales, sobresaturadas y con un
enfoque que el ojo humano no es capaz de captar.
Ahora,
muchas de las fotografías que vemos en la red. Se convierten en imágenes
efímeras, porque la mayor parte de ellas no serán pasadas jamás a papel. Sí,
digo efímeras porque una cosa es ver una imagen en una pantalla y otra muy
distinta, verlas reflejadas en un soporte físico, palpable. Muchos de estos
nuevos “fotógrafos” tienen una gran herramienta pero carecen de conocimientos y
lo que es más importante, de concepto.
Algunos
de ellos, tiene la obsesión de lanzar todos los días en las redes sociales,
innumerables fotografías, y esto al final se convierte en “algo personal”, en
una carrera para “ver quien la tiene más grande”, como decía Serrat.
A muchos
de estos nuevos “pseudo fotógrafos” les falta algo tan básico como es la
formación, y no me refiero a los innumerables cursos que existen hoy en día, me
refiero sobre todo a la base, a la formación artística (composición, encuadre,
concepto, color…) y a la educación. Esta última no tiene que se ser una
educación reglada en sí mismo.
Una
simple lata puede dejar por los suelos todo esto.
Una fotografía
que no tiene prisa, que puede llegar a exponerse durante meses, (esta que os
presento ha tardado siete meses) y captar la esencia de la fotografía que es la
luz.
Esta
mediocre solarigrafía nos muestra el paso del tiempo en una sola toma y la trayectoria
del sol durante meses.
Como
digo, no es tanto la imagen en si como el concepto. Esto es fotografía pura,
sin pretensiones de ningún tipo, simplemente luz y magia.
Magia
que se puede apreciar en una toma estenopeica como esta, en la que si observas
detenidamente podrás ver el rostro de un hombre en el tercio derecho. Fíjate
bien en los labios y la barbilla en el ángulo inferior derecho y si abres la
mente podrás ver el rostro completo. Aquí no hay montaje de ningún tipo, son
los caprichos de la luz.
Ahora
existen grandes fotógrafos con formación, que son los que no lograrán llegar a
una meta, pues ellos continuaran formándose y siempre se querrán superar, esa
será su meta. Los otros, sin saberlo han llegado ya.
Siempre
he dicho que una de las cosas más importantes a la hora de hacer una fotografía
o una obra en cualquier disciplina, es la observación y tener siempre la mente
abierta. Puedes tener la mejor máquina, el mejor equipo de revelado o la mejor
impresión, pero si el ojo no es capaz de visualizar lo que la naturaleza nos brinda,
estamos vendidos.
No
es cuestión de buscar, a veces nos encontramos con formas, que el tiempo, el
aire, la lluvia, la nieve y el frio han creado para nosotros. A veces, muchas,
muchas veces, como esta, la fotografía en cuestión, no tiene más interés que el
lugar donde ha sido capturada, el momento y la posición de quien fotografía y
la fuente lumínica. Fotografías curiosas que cuya única utilidad, si la sabemos
aprovechar, es precisamente abrirnos la mente para despertar nuestra
imaginación.
Si
somos capaces de todo esto, luego vendrán las interpretaciones, como en esta
fotografía. Simplemente, me encontré con un rostro paseando por Riofrío (Ávila).
Ahora tú decides, si es “el vigilante del camino”, “el dios petrificado” o “el
hombre de piedra”...
Paseando
descubres cosas, sí, pero cuando tienes la captura puedes desenmascarar muchas
más, solo es cuestión de observar y no mirar.
Hoy
saco a la luz una fotografía que me hace pensar sobre el significado de las
obras que hacemos los que nos dedicamos a la pintura, fotografía o escultura.
Obras
que por otro lado, en ocasiones, tan solo tienen una lectura, “la propia obra”, sin más.
Nos
empeñamos en sacar una interpretación a todo lo que hacemos, mejor dicho, se
empeñan en buscar significado a algo que simplemente tiene el efecto visual que
provoca al receptor.
El
planteamiento es muy sencillo, me gusta o no me gusta, y punto. Pero ¿por qué
se empeñan algunos en buscar algo inexistente? ¿Acaso nos paramos a pensar
frente a un cuadro que tiene pintado un paisaje realista, sobre su significado?
Repito, te gusta o no te gusta. Entonces, ¿por qué lo hacemos sobre un cuadro o
una escultura abstracta?
-Es
que no lo entiendo…
-¿Qué
es lo que no entiendes? ¿Te gusta o no?
-Sí,
bueno, me gusta, pero no lo entiendo…
La
primera impresión es la que cuenta, los primeros segundos en los que nuestro
cerebro registra esa imagen son los fundamentales, lo que viene después es
diferente, pues el entorno, la educación, cultura o el momento, puede cambiar
nuestra percepción.
La
obra está realizada, y puede haber sido creada con un significado claro, con un
objetivo concreto, o desarrollado a partir de un concepto real, partiendo de la
base que la buena abstracción viene de un origen realista o figurativo.
Pero
¿qué sucede cuando vemos una imagen realista? ¿Solo tiene un significado? ¿Lo
tiene? ¿Lo entiendo?
A menudo,
es el que percibe la imagen el que obliga, de alguna manera al creador, a
explicarle su obra. ¿Es necesario? Es una imagen, sin más.
Esa
imagen es la que debe explicar por si sola su significado, y este tendrá tantos
como personas que lo observan.
Un
ejemplo. Esta fotografía que os presento, es una imagen de unos membrillos en
unas ramas nevadas. Bien, pues vamos con unos posibles títulos para diferentes interpretaciones:
1º
Membrillos nevados.
2º
Cambio climático.
3º
Frente a las inclemencias, algunos resisten.
4º La
madurez que nunca llega.
5º
No me quiero ir de casa.
Estos,
son solo cuatro ejemplos para una misma imagen. Ahora es momento de pararse a
pensar sobre cada título, o simplemente quedarnos con el primero. ¿Te va a
gustar más la imagen, si yo te digo que estuve esperando durante años a poder
captar esta instantánea, para ver un membrillo nevado? ¿Te gustará más, si te
digo, que el planteamiento viene, casi desde el origen del hombre, cuando Adán
y Eva, representados mediante estos frutos, cambiaron nuestra vida? ¿La foto te
llegará más, si te planteo, que todo viene a raíz de un artículo que leí en la
prensa, sobre dos hermanos que resistieron durante catorce días, atrapados en una
montaña…?
Así
podría continuar, intentando convencer a alguien, pero creo que ese no es el
objetivo. ¿Acaso te vas a sentir mejor?
¿Hay
obras que tienen su significado? Sí.
¿Hay
obras que no lo tienen? Sí.
Y
digo yo. ¿Por qué nos complicamos tanto la vida? Mira el lado positivo.
Una de las particularidades que tiene la
fotografía estenopeica es la obtención de un negativo tras la toma, por lo que
debe ser positivado.
Actualmente se pueden realizar fotografías
con papel de positivo directo, pero en lo que concierne a este post, os quiero
mostrar una solución más que digna para la obtención de un positivo directo sin
necesidad de usar la técnica del positivo por contacto.
Con este método no es necesario utilizar
ampliadora o una fuente de luz controlada para lograr una buena gama tonal.
Un papel RC convencional es más que suficiente
para lograr este propósito.
Antes de ponernos manos a la obra debemos
conocer en profundidad nuestra cámara estenopeica, distancias focales, tiempos
de exposición, etc., ya que si pretendemos obtener un positivo directo, los
tiempos van a variar considerablemente.
De todos es sabido, que la imagen resultante
mediante este tipo de cámaras, se nos presenta, (además de en negativo),
invertida de arriba abajo y de derecha a izquierda, aspecto que se corrige al
realizar el positivo por contacto. No es así si nos proponemos hacer un
positivo directo químico.
La inversión vertical se corrige simplemente
girando la imagen, pero la horizontalidad permanecerá invertida, a no ser, que
el papel fotográfico lo coloquemos bajo el estenopo, lo que nos aumenta la
distancia focal, así como el encuadre como los tiempos de exposición. Todo
dependerá de la imagen que queramos obtener.
Si tenemos claro todo esto, es momento de
abrir el estenopo.
Conocer nuestra cámara nos permite saber los tiempos
que normalmente utilizamos según las condiciones de iluminación presentes en la
escena.
En la red, existen innumerables páginas y
documentación donde encontrar fórmulas para conocer los tiempos de exposición,
aunque al final, es el “trial-error” y la experiencia, los que nos va a marcar
las pautas.
Tras exponer la fotografía, abrimos en el
cuarto oscuro con luz de seguridad nuestra cámara, introducimos el papel en un
revelador suave, lo que nos dará más gama tonal, y lavamos la fotografía. En
este momento, observamos un negativo muy oscuro, pero no nos debemos asustar,
el buen control es precisamente, saber hasta dónde podemos sobrexponer la
fotografía.
Ahora empieza el proceso de inversión. En una
solución de agua (1litro), una cucharadita de dicromato potásico y un pequeño
chorro de ácido sulfúrico, metemos el papel hasta que la imagen desaparezca por
completo. En este proceso, los haluros de plata expuestos desaparecen. Tras
lavar el papel, lo introducimos en otra solución, esta vez de agua con
carbonato cálcico, para eliminar los restos de la anterior solución y evitar
así manchas amarillentas.
Lavamos nuevamente nuestra foto, y
dependiendo de nuestra propia experiencia al ejecutar estos procesos, podemos
volver a realizar todo el proceso, hasta que veamos que en el revelador no salen
negros.
Hecho todo esto encendemos la luz, revelamos
y podremos comprobar cómo los haluros de plata no expuesta y por lo tanto no
blanqueada, “se velan”, dando como resultado un positivo directo sin necesidad
de hacerlo por contacto.
Lavamos la fotografía y la fijamos, aunque no
sea necesario en este proceso usar fijador.
El pasado 15 de abril se inauguró en la
Escuela de Arte de Ávila, una exposición de los alumnos que han
pasado durante estos dos últimos años realizando el ciclo superior de
fotografía artística.
Una exposición en la que podemos encontrar paisaje
urbano y natural, foto arquitectura, retrato y fotografía de producto.
Se puede apreciar el mimo de la toma, del
procesado digital, la impresión, percibiéndose en algunas fotografías, el germen de
verdaderos fotógrafos.
Evidentemente al encontrarnos ante una
exposición colectiva, el concepto de la imagen es muy variado, pero podemos
decir que hay una unificación en cuanto al resultado final, ya que las imágenes
allí presentes son el fruto de un trabajo duro en el que sus autores han
aplicado todo lo aprendido en estos dos años, con independencia de su
trayectoria personal.
Es la cosecha del estudio de las asignaturas
de un ciclo, consecuencia de un esfuerzo y despedida.